15 de junio de 2012

La pascua del padre Walter

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El padre Walter en 2001, antes de su partida de Escazú, luego de 18 años de admirable labor. (Foto cortesía Sergio Howell Castro)


Artículo principal - Edición No. 304 - Junio de 2012

Ileana Ureña Salazar

Lo recibimos con una gran expectativa, el padre Pol nos dijo que era un gran sacerdote, que era joven pero muy activo, que estaba haciendo una gran obra en Tierra Blanca de Cartago y que él mismo le había pedido a Monseñor que lo nombrara en Escazú.

No entendíamos todavía la calidad de persona y sacerdote que teníamos enfrente, podemos decir que a nivel de vida de Iglesia, tuvimos un antes y un después del padre Walter Howell entre nosotros.

Ya el Espíritu Santo a través del servicio del padre Pol y de los sacerdotes que le antecedieron, venían preparando a la comunidad para una reavivación espiritual, que el padre Walter integró desde muchas áreas.

¿Se acuerdan de las misas de las 9 de la mañana de los domingos? No cabía un alma como decimos nosotros, hasta en buses se iba a recoger a los niños, en ese entonces San Rafael pertenecía a nuestra parroquia y hasta allá iba un bus, a Guachipelín, Bello Horizonte y el Corazón de Jesús, la misa era una verdadera fiesta, con respeto se servía la mesa de la palabra y de la Eucaristía, pero los cantos, las palmas, los chistes del padre le daban a la misa de 9 una identidad única. ¿Se acuerdan cuando en una Navidad le pidió al Niño patines?, y del dicho al hecho, al finalizar la misa se dio su buena patinada.

Su carisma con los jóvenes era especial, su trabajo con la barra de Los Escorpiones fue modelo, los aceptó, los respetó y los integró al trabajo pastoral. Conquistó a los jóvenes para llevarlos a Cristo, de hecho se fundaron los grupos juveniles Timoteo y San Miguel y se empezaron a reunir los del MOVI.

¿Se acuerdan de los partidos de fútbol salón en el parque? Disfrutamos tanto viendo jugar al padre Gerardo Badilla y al padre Walter haciéndole barra, con ellos las noches se volvieron más bonitas.

Mientras todo esto sucedía, sin duda influenció las vocaciones de los padres Marco Aurelio, Luis Carlos, Oscar, Enrique y Alcides, además de misioneros y religiosas.

Las Semana Santa la celebraba con gran gusto y dedicación, no sé si exageró o no, pero legó a este pueblo un fervor por los actos de piedad y devoción popular que hacen que un ejército de personas una esfuerzos para que las procesiones se lleven a cabo con todos los detalles bien coordinados, para que el pueblo pueda participar.

Lo empezamos a querer por su alegría, por su don de gentes, su predicación llegaba a los fieles, compartía con todos, igual con el pobre que con el rico, es más pudo unirnos, lo empezaron a llamar el Padre de los Pobres, y sí que lo fue, nos enseñó a compartir, a separar dinero y tiempo para los más necesitados. Se indignó tanto una vez que una familia de escasos recursos se endeudó por un funeral, que se empezaron a comprar ataúdes y con el apoyo del Club de Leones, se construyó la capilla de velación que tanto ha servido a la comunidad.

La obra del diezmo fue dando sus frutos, alimentos, medicinas, equipo médico, clínica dental, regalos en Navidad, becas, apoyo a ancianos, que de pronto nos dimos cuenta que gente necesitada se venía a vivir a Escazú porque aquí se les ayudaba.

Cuando en 1994-95 se enfermó y tuvo que operarse, fueron incontables las personas de todas las edades que de rodillas ante el Sagrario pedimos por su sanación.

Vivimos de todo en 18 años: fue nombrado hijo predilecto, tuvimos alegrías, tristezas, falsos testimonios, reconocimientos, enfermedad, salud, excentricidades, bondad, entrega, amor, gratitud, locuras.

Recordemos lo bueno, valoremos su legado. Sus defectos, sus debilidades, fueron asumidas por Jesucristo en la Cruz.

A Dios le damos gracias por el sacerdocio ministerial del padre Walter, por las eucaristías que presidió, las confesiones que llevó a cabo, los hijos que engendró para la Iglesia, los matrimonios que presenció y bendijo, por los enfermos que ungió, por el consuelo que nos hizo sentir tantas veces.

Démosle gracias al Señor por todos los dones y carismas que suscitó en él y que tanto bien hicieron a esta comunidad. Pidámosle que lo corone en el cielo y le haga experimentar la plenitud de su amor.

El hermano José María Bermúdez y el padre Walter en 2008. El religioso tuvo la responsabilidad de cuidar al sacerdote durante los últimos 7 años de su vida, en los cuales su salud fue delicada. (Foto cortesía Vera Garrido Roldán)



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