15 de septiembre de 2015

De Pico Blanco al Himalaya

Las proezas de Warner Rojas

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Artículo principal - Edición No. 317 - Septiembre de 2015

Marco Antonio Roldán

El niño de 11 años de edad, vecino de San Antonio de Escazú, que en la Semana Santa de 1983 caminó con su madre y hermanas hasta La Cruz de Alajuelita, quedó maravillado al llegar a la cumbre y contemplar el Valle Central desde esa altura, pero lo que más lo cautivó fue la imponente belleza de los macizos que lo rodeaban; “algún día voy a ir a esas montañas”, fue el pensamiento que cruzó por la mente del menor en ese instante.

Desde ese día, el escazuceño Warner Rojas Chinchilla quedaría marcado para siempre. A partir de ese momento nacería en él una pasión por subir a las montañas más altas, empezando con las de Costa Rica y más tarde, con las de América y el mundo.

Aunque de niño Warner creció rodeado de montañas y a menudo acompañaba a su papá al monte, en un principio subir cimas no fue algo que necesariamente lo entusiasmara, fue ese primer viaje a la Cruz de Alajuelita, a 2036 metros sobre el nivel del mar, el que cambiaría radicalmente su manera de ver las alturas.

En su carrera como alpinista, que inició a los 15 años, Warner ha escalado más de 35 montañas y volcanes de Costa Rica y 30 de otros países: dos de México, ocho de Centroamérica, diecinueve de Suramérica y uno de Asia.

Warner nació en San Antonio de Escazú el 25 de marzo de 1972. Cursó la educación primaria en la Escuela Juan XXIII, en San Antonio, estudió en el INA y trabajo durante algunos años en construcción como ayudante, albañil y carpintero. Es vecino de los Filtros de San Antonio de Escazú, propiamente de la Calle El Curio.

Es el mayor de cuatro hermanos y el único varón, situación que le permitió terminar la escuela, pero que lo obligó luego a cambiar las aulas por una pala en busca del sustento del hogar.

Está casado desde hace 10 años con la holandesa Thessa Rienhart y es padre de tres hijos: Laurens, Leonel y Helena, de 6, 4 y 2 años de edad.

Rojas es una persona que denota gran humildad, amabilidad y don de gentes; él mismo se define como una persona tranquila, que le gusta hacer amigos y que es feliz viviendo con las cosas básicas. No sabe manejar y tampoco le interesa aprender. Es frecuente verlo tomar el autobús, y ahora todo el mundo lo reconoce, incluso en el transporte público.

En el año 2001 fundó su propia empresa Picotours S.A. y cinco años después decide especializarse en actividades al aire libre, siendo la principal actividad caminatas en la montaña con base en los Cerros de Escazú, ampliando con el tiempo su oferta a paseos por pueblos antiguos, rutas públicas y caminos abandonados en todo el Valle Central y sus alrededores.

En 2006, luego de casi dos décadas escalando repetidamente las montañas y volcanes más importantes de Costa Rica, Warner decide aventurarse más allá de nuestras fronteras. De este modo inicia su reto con “Las Cumbres Centroamericanas”, alcanzando, en diciembre del mismo año, la cima más alta de América Central, el volcán Tajumulco (4220 m), en Guatemala y completando los demás países del istmo en 2007.

Con el firme deseo de superarse y ampliar su horizonte, en febrero de 2008, nuestro coterráneo inicia un nuevo proyecto, al que denomina “Los Siete Picos Andinos”, que inicia con el Cerro Aconcagua (6962 m), en Argentina —el más alto de América del Sur— y culminando con el monte Huascarán (6768 m), en Perú, en agosto de 2011, cumpliendo así su meta en la Cordillera de los Andes.

Camino a la Cumbre del Mundo

En octubre de 2011, con una experiencia consolidada como alpinista y habiendo superado las cimas más altas de América, el escalador escazuceño puso en marcha su sueño más ambicioso: conquistar el punto más elevado del planeta, el monte Everest, ubicado en el continente asiático, en Nepal, a 8848 metros sobre el nivel del mar.

Un tiempo antes, la colega nacional Gineth Soto corría tras la misma aspiración de convertirse en el primer costarricense en instalar la bandera de nuestro país en el techo del orbe, luego de un primer intento fallido en 2008 y que probó nuevamente sin éxito en mayo de 2011.

Warner sabía que se enfrentaría al reto más difícil de su vida: ahora su desafío no solo sería escalar duras pendientes, sino que además tendría que hacerlo en un lugar totalmente inhóspito, que presenta las peores condiciones climáticas, con tormentas de nieve y avalanchas, temperaturas extremas de congelación inferiores a -20 grados centígrados y una merma gradual del oxígeno, el cual disminuye a un tercio de lo normal en la cúspide, lo que hace necesario, como medida de seguridad, el uso de botellas de oxígeno por encima de los 8000 metros.

La empresa británica Jagged Globe fue la encargada de todos los pormenores de la aventura, que tendría un costo total de $80 000 (unos ¢41,2 millones). El financiamiento lo consiguió con recursos propios y patrocinios de empresas como DHL, Hi Tec y el Instituto Nacional de Seguros.

El escazuceño inicia la travesía hacia la “Cumbre del Mundo” el martes 27 de marzo de 2012, a las 8 de la mañana, junto a un equipo de cinco sherpas nepalíes y cinco escaladores extranjeros liderados por David Hamilton, quienes avanzan por la ruta principal, que entra por la cara suroeste o Vía del Collado Sur, desde el Nepal.

Con la finalidad de aclimatarse a la altitud y prevenir el mal de montaña (falta de adaptación del organismo a la escasez de oxígeno), el ascenso a los campamentos establecidos se realiza de manera progresiva, donde permanecen varios días en cada uno de ellos, iniciando con el Campo Base (5380 m), seguido del Campo 2 (6500 m), Campo 3 (7470 m) y Campo 4 (7920 m); teniendo que subir y regresar varias veces a los anteriores por no habituarse a la altura, contratiempos y mal clima.

Desde el Campo 4, a las 8:30 p.m. del 24 de mayo, emprenden la escalada hacia la denominada “zona de la muerte”, se ponen las botellas de oxígeno y la subida es muy lenta por causa de la respiración deficiente. A las 5 de la mañana del día siguiente llegan a la Cumbre Sur y se encuentran a solamente 50 metros de cumplir su objetivo.

La cumbre del monte Everest es conquistada a las 6 a.m. del sábado 25 de mayo de 2012 (5 p.m. del día anterior en Costa Rica). Los primeros del grupo en conseguirlo fue el líder David Hamilton, Cian O'Brolchain y Warner Rojas; una hora después arribaron Phil Purdy y Ian Ridley, y dos horas más tarde el resto de miembros de la expedición.

El montañista tico permaneció en la cima solo 5 minutos, ya que la temperatura de -36 grados centígrados en ese punto resulta insoportable debido a la sensación de congelamiento. En el lugar dejó como recuerdo la bandera nacional firmada por toda la gente que lo ayudó, una estampita de la Virgen de Los Ángeles y el escudo de Escazú.

El techo del mundo es alcanzado por primera vez por un costarricense, y más aún, por un escazuceño, convirtiéndose así en el cuarto centroamericano en lograr la hazaña, siendo los predecesores el guatemalteco Jaime Viñals, en 2001, el panameño Michael Morales, en 2009 y la guatemalteca Andrea Cardona, en 2010.

Una de las situaciones que más impactó a Warner, a lo largo del recorrido, fue ver los cadáveres congelados de varios alpinistas, mayormente después del campo 4. Debido al frío intenso, la mayoría de los cuerpos se conservan intactos y las condiciones adversas del lugar hacen casi imposible la recuperación por parte de los familiares.

Este año 2015, el escalador inició su nuevo proyecto de conquistar los 10 volcanes más altos del planeta —todos ubicados en América del Sur— de los cuales ya lleva cinco y que espera finalizar el próximo año. Su siguiente paso sería volver al Himalaya y ascender las 8 montañas más altas del continente asiático.

Nuestro querido Escazú ha tenido el honor de tener a los dos costarricenses que han logrado llegar a mayor altitud en la historia nacional: Warner Rojas Chinchilla y Franklin Chang Díaz. Uno en tierra firme y el otro en el espacio exterior, pero ambos con la misma convicción de que los sueños más imposibles se alcanzan con el corazón.

Warner muestra orgulloso el escudo de Escazú en la cima del Everest. A la derecha, parte de los objetos que otros escaladores han dejado como recuerdo de su aventura. 
Foto de Warner Rojas


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