El campesino de la ciudad
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Artículo principal - Ed. 280 - Noviembre de 2006
Con este artículo, publicado originalmente en enero de 1991, rememoramos a este singular personaje escazuceño, quien falleció el 16 de abril de 2005
Marco Antonio Roldán
Amigo de conversar mucho, con sus pies descalzos y con la apariencia de un típico campesino, Edgar Jiménez Delgado, mejor conocido como Tula, es un personaje que en su forma de hablar, pensar y sentir, refleja la humildad y sencillez de la gente de antaño.
En una vieja casa de adobes, ubicada a 200 metros del parque de Escazú, donde el toque del progreso no parece haberse asomado, vive Tula con su madre, un sobrino y la compañía de tres perros y un gato. Su vivienda, que según afirma, tiene más de 200 años, conserva aún su piso original de tierra, y en la sala un gigantesco ropero que es tan viejo como la casa.
Tula, quien es un cantante de música típica, se caracteriza por su habilidad para contar historias y anécdotas que hacen reir a la gente, y por su vocabulario rico en palabras mal dichas y vocablos y expresiones propias del costarricense.
A sus 58 años de edad, Tula tiene que atender a su anciana madre y realizar todos los oficios domésticos; además recolecta café y cases durante la época de cosecha, en su finca ubicada en Bello Horizonte.
El sustento diario de la pequeña familia de Tula, proviene principalmente de dos hermanos que le ayudan a su madre con algo de dinero y les proporcionan el arroz, los frijoles, el azúcar y la manteca.
Vida romántica
Este soltero, de tan solo 1,42 m de estatura, dice haber tenido durante su vida tres novias: Lisbeth, Jeanette y Floribeth, todas terminadas en “et.”
La primera de ellas, Lisbeth, dice que la conoció a los 13 años de edad, cuando estaba en segundo grado de escuela, que fue su último año de educación. “Entonces me agarré con un niño llamado Rodolfo Badilla, que pretendía a la chiquilla, entonces nos apañamos y nos estábamos rompiendo la cara a punta de pescozones”, comenta.
Un tiempo después esa novia le dejó una nota que decía: “Edguitar de mi corazón, si me querés, me vas a buscar a San Carlos, porque papá compró una finca y nos vamos para allá.” Pero dice Tula que no pudo hacer nada, “porque mi tata me daba solo un diecillo el domingo y me decía que no lo gastara todo.”
A la edad de 23 años tuvo una novia llamada Jeanette, que era de Santo Domingo de Heredia. La tercera y última novia, llamada Floribeth, la conoció cuando tenía 27 años. Los papás de Tula decían que tan buena y bonita que era la muchacha, “pero no sabían en el fondo del espíritu que tenía abejón en el buche (estaba embarazada.) Quería pescarme a como había lugar; ella tenía 18 años, y el individuo causante de la criatura era casado”, nos cuenta.
Acostumbrado a comer “lo que haiga”, dice que su comida favorita son los sesos con huevo y cebolla, “eso me cuadra mucho, hago los gallillos con tortilla y me vuelo hasta un paquete de Tortiricas”, nos dice Tula.
Tiene su propio grupo musical llamado Tula y el alma escazuceña, en donde canta y toca las maracas, pero en los últimos meses ha ido perdiendo sus integrantes, pues uno de ellos se fue a vivir por el lado de Curridabat, otro se retiró porque está perdiendo la vista, uno está en tratamiento siquiátrico, otro solo sabe “jartar guaro” y hay uno que no toca fijo. “Aquí estoy yo con una temerosidad, que voy a tener que ir a buscar músicos a San Antonio”, afirma Tula.
Al preguntársele si hay algo que no le gusta del Escazú de ahora, su respuesta fue la siguiente: “Bueno, lo que no me gusta es esa carajada de que cobran cobros escalanados en la municipalidad, pleitos que se hacen del carajo escalanados, que no se equivalen a lo que dice il mididor.”





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