15 de octubre de 2000

El filántropo Zavaleta

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Artículo principal - Edición 221 - Octubre de 2000

Marco Antonio Roldán

El rostro apacible de la fotografía que adorna este artículo, refleja tan solo una ínfima parte de lo que en realidad fue el Pbro. Manuel Zavaleta Volio, quien por 14 años (1925-1939) ocupara el cargo de cura párroco de Escazú.

El padre Zavaleta nació en la ciudad de Cartago el 8 de septiembre de 1881, hijo de don Matías Zavaleta y doña Hercilia Volio. Realizó sus primeros estudios en Cartago y cursó la segunda enseñanza en el Colegio San Luis Gonzaga.

En 1900 ingresó al Seminario Mayor, donde hizo los estudios sacerdotales bajo la dirección del padre Stork. El 25 de diciembre de 1905, recibió la ordenación sacerdotal de manos de Monseñor Stork.

Además de su carrera eclesiástica, participó activamente en el campo político, siendo diputado por la provincia de Cartago en 1910, en la primera administración de don Ricardo Jiménez, y electo nuevamente en 1919, por la provincia de San José.

En su segundo período como diputado, presentó al Congreso un proyecto de ley, el 21 de mayo de 1920, en el cual exponía los motivos por los cuales Escazú estaba en condiciones de recibir el título de ciudad. Ocho días después, la villa de Escazú se hizo ciudad.

Cinco años después de que el padre Zavaleta propusiera y lograra el título de ciudad para Escazú, fue nombrado cura párroco de nuestra localidad, el 11 de agosto de 1925, sustituyendo al Pbro. Leoncio Piedra, que fue trasladado a otra parroquia.

La personalidad del cura

Don Manuel Zavaleta fue un hombre de una gran sensibilidad humana. En muchas ocasiones, viendo las necesidades de algunas personas pobres, se desprendía de sus posesiones económicas o materiales, sin preocuparse por sí mismo. Sin embargo, era muy reservado, pues no le gustaba hacer públicas sus caridades.

Este fervoroso devoto de la Virgen de los Ángeles era poseedor de un gran espíritu literario, que lo impulsaba a escribir artículos para periódicos y revistas nacionales, con una gran calidad de opinión y pensamiento en cada uno de sus escritos.

Quienes tuvieron la oportunidad de conocerlo, lo describen como un hombre ameno, cordial, de buen trato y muy sencillo en la conversación, a pesar de su elevada formación intelectual.

El aporte moral que el padre Zavaleta brindó al pueblo durante 14 años, estuvo dirigido no solo a lo religioso, sino también a lo social y cultural, con la ayuda de don Nicolás Macís Quesada, educador, político y dirigente del fútbol escazuceño, con quien tenía una gran amistad.

Luego de más de 13 años en los que, con su manera de ser y actuar, supo ganarse el cariño y estimación de sus feligreses, la salud del padre Zavaleta se vio sumamente afectada. Una enfermedad crónica del hígado lo obligó a trasladarse a San José y guardar cama por varios meses.

En febrero de 1939, aparentemente restablecido, el pueblo entero se regocijó con su llegada, y hasta sonaron las campanas de la iglesia en señal de júbilo con motivo del regreso a sus funciones. Pero la alegría fue pasajera. Ocho meses después, el 30 de octubre de 1939, el padre Zavaleta dio su último suspiro de vida.

Escazú entero lloró la desaparición de quien fuera uno de los sacerdotes más queridos y admirados que registra la historia eclesiástica del cantón.



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1 comentario:

José Rafael Flores Alvarado dijo...

Hoy 30 de octubre del 2012 se cumplen 73 años de la muerte del padre Manuel Zavaleta Volio, acaecida el 30 de octubre de 1939, cuenta mi madre Flora Alvarado que siendo niña asistió al funeral de tan ilustre prelado, se fueron a pie hasta la Sabana y de ahí hasta la catedral en tranvía, su gestión dejó huella en Escazú.-

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